
Algunas preguntas sin respuesta: Gloria Dünkler, Fuchse von Llafenko
(Notas y selección de poemas)
Asumiendo que no le haré justicia, por de pronto es planteable que -y aunque no sólo de eso- la poesía de Gloria Dünkler (Pucón, 1977) habla de la memoria y sus actos yuxtapuestos o concomitantes. En su caso, esta memoria no obedece sino parcialmente a la reconstrucción razonada de un proceso purgativo (gracias, Guido Arroyo) de cara a los traumáticos de la historia reciente. En su caso, dicho trauma no arranca de 1973, sino de 1939, 33, 19 o más atrás, y remite a la tortuosa construcción de identidad, entre soberbia y valerosa, de los descendientes de germanos en Chile. Animales extraños en un zoo monocorde, autoritario y mestizo, los alemanes allegados a estos lares encontraron de todo su gusto dos de estos tres rasgos; cuáles, esa oscilación atraviesa sus relatos y este libro.
La aproximación de Gloria aborda con decisión un pasado que no le pertenece en su totalidad, con el cual mantiene las distinciones ideológicas propias de una personalidad propia y que por tanto, debe forzar en su relación identitaria con los ancestros, casi hasta la caricatura y huyendo de la misma. En ese sentido, Fuchse realiza un planteamiento formal que apela directamente al extrañamiento, en la especie de la evocación al imaginario de lo alemán inscrito en nuestros cerebros, al temor y la admiración y el resentimiento que provocan, al insertar trozos del idioma en lo esencial perdido de sus descendientes, hablado ahora por otros allá en la Bundesrepublik erigida sobre los restos del Reich.
Fuchse von Llafenko (Los puños de la paloma, Santa Fe, 2008) remite desde el nombre a la precisión de la estructura dual conformada por zorros y lugar de arribo, rematada en tríada por obra del verso en español que supone este poemario, hermosamente contaminado de colores que suenan a barbarismo, a bosques y a emboscados. De hecho, esos Fuchse parecen corresponder a la transformación de los Wolfe recién llegados, a fin de adaptarse a los salvajes –para ellos- espacios marcados por la presencia previa del mapuche, con el cual se relacionan de maneras que suponen una atracción coartada por una cultura arrogante como un recién llegado. Resulta notable que el lugar imaginado, Llafenko, se escribe de igual forma en los dos idiomas en los que no está escrito este libro y que siempre están presentes en él. En cambio y a cambio, el español paga su imposición dejándose subvertir, al punto de impedir la construcción de un lugar normalizado en que la grafía cacofónica para el oído latino haya sido suprimida. De paso, Gloria logra la ductilidad de quien entra y sale de casa para buscar materiales donde le venga en gana. Por obra y tal vez magia del lenguaje, los poemas aquí reunidos pueden abarcar desde una coherencia y hasta una simpleza formales los tonos que sean necesarios en su cuidadoso trabajo de dilucidación. Y éste no es otro que un enfrentamiento directo con las raíces de un árbol injertado en otro, que ha dado frutos tan tóxicos como fecundos: Allí respiran criaturas, se aman/ lo deforme y lo bello.
Estos poemas no son un alivio a la carga del pasado, la cancelación de las implicancias de una biografía familiar o la apología de cosa ninguna. Son notas para una epopeya imposible y por ello resignada, pero no silenciosa. Habla de nazismo y del monstruoso sueño que encarnó, de la atroz decepción, de ambos estadios bordeados por la presencia aplastada y atrayente de los primeros residentes en el lugar tomado, residentes temidos como a espectros, pero tal vez más corpóreos que los soñadores que trajeron el apellido de Gloria desde tan lejos -también de ella misma- en el tiempo, en el espacio y en el enfrentamiento a la vida. Detalla los parajes roturados y arrancados de cualquier inocencia, de la nostalgia de esa irresponsabilidad entusiasta, cruelmente salvaje y abnegada; todo al mismo tiempo. Plantea resistir en la tierra de nadie entre la condena y la exención de culpa, tomando la belleza de lo reconstruido en la memoria como el supuesto rescatable de su ilustración mediante la palabra.
Este libro merecía una edición mejor, lo que resulta compensado por lo casi inaccesible de la misma -yo mismo trabajo ahora sobre un ejemplar prestado- y especialmente por la necesidad de que alguien reedite este libro, libre de las tremendas erratas que presenta por ahora. Pero Gloria Dünkler ha escrito uno de los mejores poemarios que yo haya leído este año y es una de las mejores poetas que tengo el gusto de conocer: exenta de cualquier traba moralista, eficaz en la presentación directa y bellamente estructurada de un relato doloroso, hasta vergonzoso pero redimido en la observación lacerada de su continua lucha consigo mismo. Canta un pasado abyecto y bello. Esta duda es la que Gloria no puede responder, pero pregunta. Y sin torpeza; más bien todo lo contrario.
Poemas de Fuchse von Llafenko
No fuimos descendientes de reyes ni licenciados
y mi abuelo recogía la nieve
amontonada en las calles de Hamburgo.
Lo único que trajimos fue el coraje, el buche,
y los sueños en las maletas.
Aferrados al mástil del buque,
taconeado de niños enfermos,
de vivir con la peste y el hambre,
de mujeres que parían en la cubierta,
y otros que dormitaban en los pasillos,
o de a tres, en los camarotes.
La maldición de errar por los mares había terminado.
*
Aquí nadie se conoce
ni sabe uno si la familia del vecino no vale un centavo.
Aquí podemos inventarnos una sangre,
un escudo, una leyenda, una muerte gloriosa,
podemos ser, si se nos place,
una estirpe ungida por el rayo.
*
Mi amigo Karl era fuerte, macizo, soberbio,
pero yo veía sangre y me desmayaba.
El ruido de las Winchester en las cacerías de patos
me hacían orinar en los calzoncillos.
Si jugábamos a los pistoleros
terminaba convirtiéndome en el traidor
que se unía a los comanches.
Me encantaban sus juguetes de milicia
sus águilas, sus banderines,
improvisar batallas en la arena,
campos de tortura en la jungla,
aviones bombardeando ciudades enemigas.
A veces, también me fastidiaba todo aquello,
y prefería cazar perdices con mi honda
o juntar digüeñes.
*
Galopan tus piernas sobre el coligüe,
el hocico de tu bestia es un trapito
y tu cabello al aire son las crines.
La adolescencia te pilló brincando en los montes
y silvestre bajo la luna maduraste.
Descalza, carita sucia,
hiedra que monta los barrancos,
hija del gran cacique aún no entiendes de modales.
A cruzar los espinos que se doblan en las cercas,
a burlar a los adultos que te impiden el paso,
con tus sueños prendidos a las riendas,
invítame a jugar contigo.
*
Tuve compañeros que soñaban con ser Agentes del SS,
o enfermeras de campaña.
Karl poseía una colección de submarinos
que eran la envidia de la escuela,
y hasta los cholitos de las reducciones
morían por jugar con nosotros.
Tras oír las lecciones sobre historia de las razas,
lo dibujábamos
pronunciando su discurso en los balcones,
o condecorando a niños valientes
y a madres esforzadas.
“Ustedes algún día también serán
el orgullo de sus padres”
–nos repetía ese profesor emocionado–
y era nuestro objetivo a lograr,
pero mis notas fueron las peores ese año.
*
STRUDEL
Las manos blancas sujetan el bol,
la cabeza da vueltas en Hamburgo,
y prima Elisa hundida en la angustia ya no sabe.
Sus rabietas cortaron la leche,
extraña la biblioteca y el teatro, el café de los jueves,
y aunque bata las claras
en el fondo de la espuma no encuentra solución.
Sin dinero, arrepentida, ¿dónde escapar?
Ya no aguanta esta vida del carajo.
Mañana partirá a la ciudad.
*
WARMES BLUT
La india observa al colono que siembra la huerta
y el baile de los músculos empujando la yunta
la estremecen de sol a sombra.
Para calmar tanta sed,
revienta las frutillas en sus labios azulinos,
siempre con la cabeza sumida en el tablón.
Apretados a su cadera
se van los pensamientos de ambos:
ella se aleja en dirección al río batiendo su canasta,
yo me pierdo tras una loma punzando la tierra,
saboreando la catástrofe racial de una aventura,
soñándola.
(a Karl no le gustaban mis bromas)
*
UNREIN
No despiertes estos demonios
que respiran bajo mi sangre,
desaparecidos guerreros que acuñaron pasión y muerte,
no te burles, no pronuncies los viejos juramentos,
el beso que muerde,
las plegarias de mis ancestros por las noches,
antes de amarse.
No los obligues, no me sometas, no te ensañes.
No me vendes los ojos, no descanses en mi selva
y te permitas nadar en mis ríos pedregosos,
–no lo intentes–.
No me empujes al abismo
de escribir un mal poema esta noche.
*
DÜNKLER
Bajo la luna de los emigrantes
en las sombras brilla un secreto.
Allí respiran criaturas, se aman,
lo deforme y lo bello.
*
Un cobarde para mi nación
un remiso al decir de mi abuela
un inútil para mis amigos.
Fui débil
como un anciano agonizando
en la cama de un hospital,
y asustadizo
como un muchachito en su primer día de escuela,
un Verifaultes Fleisch.
¿Cuántos otros morirían en mi nombre?
Bien lo sabía, pero más valió un plato de lentejas,
y un camastro bajo la nube menguante.
Entonces el corazón me saltó por la boca
y se hundió en la traición
cuando, frente a todos,
alguna vez dije NO a las Juventudes NS.
Nuestros caminos se abrieron dolorosamente.
*
CUENTA REGRESIVA
Adoradores de la belleza, adictos al amor de los efebos,
locos por una corona de barro, en la tribu más imbécil lo
he visto. Sedientos han existido por siempre, en el delirio
de encabezar un imperio y gobernar más allá de la carne.
Reyes y caciques inmortalizados en la vieja piedra. ¿De
qué me acusan entonces?
*
BERÜHREN SIE DEN VOGEL MARIA FÜR MICH
SS en el cuello de mi gabán. Es un rayo incestuoso
penetrando banderas enemigas, una serpiente que se
menea por las dunas, mi cadena de plata aferrada al
cuello, tu vestido ondeando frente al mar, o quizá el rincón
de tu pierna que devoraría a mordiscos.
SS ¿qué es para mí, ahora que he bajado la guardia?,
sino tus pezones duros en las noches de Llafenko y mi
boca entrando en ellos, un enjambre, perdigones de mi
fusil a tu inocencia. Una marca en el cuello de mi gabán,
esta noche, no me salvará de la esperma que haré
explotar sobre tu foto.
*
En Llafenko jamás nos prometimos riquezas más que
labrar los huertos y amaneceres con tinajas vacías.
Éramos libres, aprendimos a dar la cara, y en la kermesse
brindamos por lo nuestro, amándonos contra indios y
alemanes, –me volví contra mi propia sangre– criando
desertores de la patria, tarados mentales, mestizos
deformes, al decir de mis vecinos en esta esquina del
planeta. Mas tarde comprenderían que yo solo buscaba
fundir aquellos destinos.
*
No hubo aquí cerveceras ni cooperativas agrícolas,
latifundios, ni patrones crueles que azotaban a los
indios, o los colgaban de los pies; ni les hicimos firmar
algún papel dudoso, ni licores a cambio de tierras. Yo
me quebré la espalda en una carrera, Karl no se fugó
de las bombas aliadas, y una noche, el viento incendió
las ganancias, el taller, las herramientas. Mis parientes
se marcharon a las ciudades, se emplearon en tiendas,
museos y clubes, obraron en villas y escuelas privadas.
Mi hermano ejerció de taxista, Roberto se estragó en la
bebida, mi madre enloqueció por una estafa. Hasta el
reverendo se fue, tentado por una nueva parroquia. Mi
padre abrió el estuche y guardó su acordeón.
*
A veces me peguntaba si, quizá, mi amigo tenía razón
en abrazar con locura su causa patriota y era mejor
encontrar la muerte con un poco de dignidad. Jamás
en los asilos, orinado como un niño, tragando la papilla,
esperando a la enfermera que me cambie el pañal. Ayer,
hoy o mañana daba lo mismo, pues siempre vendría
otra guerra y aquello nunca pararía, como bien los
señalaban las historias épicas. Esto era como una fiesta:
solo cambiarían las canciones de moda, los cortejos a la
bella y los pasos de los nuevos bailarines. A veces me
preguntaba que habría sido lo correcto: si quedarme en
estas tierras o partir. Ahora sé que moriré con la duda.
(Notas y selección de poemas)
Asumiendo que no le haré justicia, por de pronto es planteable que -y aunque no sólo de eso- la poesía de Gloria Dünkler (Pucón, 1977) habla de la memoria y sus actos yuxtapuestos o concomitantes. En su caso, esta memoria no obedece sino parcialmente a la reconstrucción razonada de un proceso purgativo (gracias, Guido Arroyo) de cara a los traumáticos de la historia reciente. En su caso, dicho trauma no arranca de 1973, sino de 1939, 33, 19 o más atrás, y remite a la tortuosa construcción de identidad, entre soberbia y valerosa, de los descendientes de germanos en Chile. Animales extraños en un zoo monocorde, autoritario y mestizo, los alemanes allegados a estos lares encontraron de todo su gusto dos de estos tres rasgos; cuáles, esa oscilación atraviesa sus relatos y este libro.
La aproximación de Gloria aborda con decisión un pasado que no le pertenece en su totalidad, con el cual mantiene las distinciones ideológicas propias de una personalidad propia y que por tanto, debe forzar en su relación identitaria con los ancestros, casi hasta la caricatura y huyendo de la misma. En ese sentido, Fuchse realiza un planteamiento formal que apela directamente al extrañamiento, en la especie de la evocación al imaginario de lo alemán inscrito en nuestros cerebros, al temor y la admiración y el resentimiento que provocan, al insertar trozos del idioma en lo esencial perdido de sus descendientes, hablado ahora por otros allá en la Bundesrepublik erigida sobre los restos del Reich.
Fuchse von Llafenko (Los puños de la paloma, Santa Fe, 2008) remite desde el nombre a la precisión de la estructura dual conformada por zorros y lugar de arribo, rematada en tríada por obra del verso en español que supone este poemario, hermosamente contaminado de colores que suenan a barbarismo, a bosques y a emboscados. De hecho, esos Fuchse parecen corresponder a la transformación de los Wolfe recién llegados, a fin de adaptarse a los salvajes –para ellos- espacios marcados por la presencia previa del mapuche, con el cual se relacionan de maneras que suponen una atracción coartada por una cultura arrogante como un recién llegado. Resulta notable que el lugar imaginado, Llafenko, se escribe de igual forma en los dos idiomas en los que no está escrito este libro y que siempre están presentes en él. En cambio y a cambio, el español paga su imposición dejándose subvertir, al punto de impedir la construcción de un lugar normalizado en que la grafía cacofónica para el oído latino haya sido suprimida. De paso, Gloria logra la ductilidad de quien entra y sale de casa para buscar materiales donde le venga en gana. Por obra y tal vez magia del lenguaje, los poemas aquí reunidos pueden abarcar desde una coherencia y hasta una simpleza formales los tonos que sean necesarios en su cuidadoso trabajo de dilucidación. Y éste no es otro que un enfrentamiento directo con las raíces de un árbol injertado en otro, que ha dado frutos tan tóxicos como fecundos: Allí respiran criaturas, se aman/ lo deforme y lo bello.
Estos poemas no son un alivio a la carga del pasado, la cancelación de las implicancias de una biografía familiar o la apología de cosa ninguna. Son notas para una epopeya imposible y por ello resignada, pero no silenciosa. Habla de nazismo y del monstruoso sueño que encarnó, de la atroz decepción, de ambos estadios bordeados por la presencia aplastada y atrayente de los primeros residentes en el lugar tomado, residentes temidos como a espectros, pero tal vez más corpóreos que los soñadores que trajeron el apellido de Gloria desde tan lejos -también de ella misma- en el tiempo, en el espacio y en el enfrentamiento a la vida. Detalla los parajes roturados y arrancados de cualquier inocencia, de la nostalgia de esa irresponsabilidad entusiasta, cruelmente salvaje y abnegada; todo al mismo tiempo. Plantea resistir en la tierra de nadie entre la condena y la exención de culpa, tomando la belleza de lo reconstruido en la memoria como el supuesto rescatable de su ilustración mediante la palabra.
Este libro merecía una edición mejor, lo que resulta compensado por lo casi inaccesible de la misma -yo mismo trabajo ahora sobre un ejemplar prestado- y especialmente por la necesidad de que alguien reedite este libro, libre de las tremendas erratas que presenta por ahora. Pero Gloria Dünkler ha escrito uno de los mejores poemarios que yo haya leído este año y es una de las mejores poetas que tengo el gusto de conocer: exenta de cualquier traba moralista, eficaz en la presentación directa y bellamente estructurada de un relato doloroso, hasta vergonzoso pero redimido en la observación lacerada de su continua lucha consigo mismo. Canta un pasado abyecto y bello. Esta duda es la que Gloria no puede responder, pero pregunta. Y sin torpeza; más bien todo lo contrario.
* * *
Poemas de Fuchse von Llafenko
No fuimos descendientes de reyes ni licenciados
y mi abuelo recogía la nieve
amontonada en las calles de Hamburgo.
Lo único que trajimos fue el coraje, el buche,
y los sueños en las maletas.
Aferrados al mástil del buque,
taconeado de niños enfermos,
de vivir con la peste y el hambre,
de mujeres que parían en la cubierta,
y otros que dormitaban en los pasillos,
o de a tres, en los camarotes.
La maldición de errar por los mares había terminado.
*
Aquí nadie se conoce
ni sabe uno si la familia del vecino no vale un centavo.
Aquí podemos inventarnos una sangre,
un escudo, una leyenda, una muerte gloriosa,
podemos ser, si se nos place,
una estirpe ungida por el rayo.
*
Mi amigo Karl era fuerte, macizo, soberbio,
pero yo veía sangre y me desmayaba.
El ruido de las Winchester en las cacerías de patos
me hacían orinar en los calzoncillos.
Si jugábamos a los pistoleros
terminaba convirtiéndome en el traidor
que se unía a los comanches.
Me encantaban sus juguetes de milicia
sus águilas, sus banderines,
improvisar batallas en la arena,
campos de tortura en la jungla,
aviones bombardeando ciudades enemigas.
A veces, también me fastidiaba todo aquello,
y prefería cazar perdices con mi honda
o juntar digüeñes.
*
Galopan tus piernas sobre el coligüe,
el hocico de tu bestia es un trapito
y tu cabello al aire son las crines.
La adolescencia te pilló brincando en los montes
y silvestre bajo la luna maduraste.
Descalza, carita sucia,
hiedra que monta los barrancos,
hija del gran cacique aún no entiendes de modales.
A cruzar los espinos que se doblan en las cercas,
a burlar a los adultos que te impiden el paso,
con tus sueños prendidos a las riendas,
invítame a jugar contigo.
*
Tuve compañeros que soñaban con ser Agentes del SS,
o enfermeras de campaña.
Karl poseía una colección de submarinos
que eran la envidia de la escuela,
y hasta los cholitos de las reducciones
morían por jugar con nosotros.
Tras oír las lecciones sobre historia de las razas,
lo dibujábamos
pronunciando su discurso en los balcones,
o condecorando a niños valientes
y a madres esforzadas.
“Ustedes algún día también serán
el orgullo de sus padres”
–nos repetía ese profesor emocionado–
y era nuestro objetivo a lograr,
pero mis notas fueron las peores ese año.
*
STRUDEL
Las manos blancas sujetan el bol,
la cabeza da vueltas en Hamburgo,
y prima Elisa hundida en la angustia ya no sabe.
Sus rabietas cortaron la leche,
extraña la biblioteca y el teatro, el café de los jueves,
y aunque bata las claras
en el fondo de la espuma no encuentra solución.
Sin dinero, arrepentida, ¿dónde escapar?
Ya no aguanta esta vida del carajo.
Mañana partirá a la ciudad.
*
WARMES BLUT
La india observa al colono que siembra la huerta
y el baile de los músculos empujando la yunta
la estremecen de sol a sombra.
Para calmar tanta sed,
revienta las frutillas en sus labios azulinos,
siempre con la cabeza sumida en el tablón.
Apretados a su cadera
se van los pensamientos de ambos:
ella se aleja en dirección al río batiendo su canasta,
yo me pierdo tras una loma punzando la tierra,
saboreando la catástrofe racial de una aventura,
soñándola.
(a Karl no le gustaban mis bromas)
*
UNREIN
No despiertes estos demonios
que respiran bajo mi sangre,
desaparecidos guerreros que acuñaron pasión y muerte,
no te burles, no pronuncies los viejos juramentos,
el beso que muerde,
las plegarias de mis ancestros por las noches,
antes de amarse.
No los obligues, no me sometas, no te ensañes.
No me vendes los ojos, no descanses en mi selva
y te permitas nadar en mis ríos pedregosos,
–no lo intentes–.
No me empujes al abismo
de escribir un mal poema esta noche.
*
DÜNKLER
Bajo la luna de los emigrantes
en las sombras brilla un secreto.
Allí respiran criaturas, se aman,
lo deforme y lo bello.
*
Un cobarde para mi nación
un remiso al decir de mi abuela
un inútil para mis amigos.
Fui débil
como un anciano agonizando
en la cama de un hospital,
y asustadizo
como un muchachito en su primer día de escuela,
un Verifaultes Fleisch.
¿Cuántos otros morirían en mi nombre?
Bien lo sabía, pero más valió un plato de lentejas,
y un camastro bajo la nube menguante.
Entonces el corazón me saltó por la boca
y se hundió en la traición
cuando, frente a todos,
alguna vez dije NO a las Juventudes NS.
Nuestros caminos se abrieron dolorosamente.
*
CUENTA REGRESIVA
Adoradores de la belleza, adictos al amor de los efebos,
locos por una corona de barro, en la tribu más imbécil lo
he visto. Sedientos han existido por siempre, en el delirio
de encabezar un imperio y gobernar más allá de la carne.
Reyes y caciques inmortalizados en la vieja piedra. ¿De
qué me acusan entonces?
*
BERÜHREN SIE DEN VOGEL MARIA FÜR MICH
SS en el cuello de mi gabán. Es un rayo incestuoso
penetrando banderas enemigas, una serpiente que se
menea por las dunas, mi cadena de plata aferrada al
cuello, tu vestido ondeando frente al mar, o quizá el rincón
de tu pierna que devoraría a mordiscos.
SS ¿qué es para mí, ahora que he bajado la guardia?,
sino tus pezones duros en las noches de Llafenko y mi
boca entrando en ellos, un enjambre, perdigones de mi
fusil a tu inocencia. Una marca en el cuello de mi gabán,
esta noche, no me salvará de la esperma que haré
explotar sobre tu foto.
*
En Llafenko jamás nos prometimos riquezas más que
labrar los huertos y amaneceres con tinajas vacías.
Éramos libres, aprendimos a dar la cara, y en la kermesse
brindamos por lo nuestro, amándonos contra indios y
alemanes, –me volví contra mi propia sangre– criando
desertores de la patria, tarados mentales, mestizos
deformes, al decir de mis vecinos en esta esquina del
planeta. Mas tarde comprenderían que yo solo buscaba
fundir aquellos destinos.
*
No hubo aquí cerveceras ni cooperativas agrícolas,
latifundios, ni patrones crueles que azotaban a los
indios, o los colgaban de los pies; ni les hicimos firmar
algún papel dudoso, ni licores a cambio de tierras. Yo
me quebré la espalda en una carrera, Karl no se fugó
de las bombas aliadas, y una noche, el viento incendió
las ganancias, el taller, las herramientas. Mis parientes
se marcharon a las ciudades, se emplearon en tiendas,
museos y clubes, obraron en villas y escuelas privadas.
Mi hermano ejerció de taxista, Roberto se estragó en la
bebida, mi madre enloqueció por una estafa. Hasta el
reverendo se fue, tentado por una nueva parroquia. Mi
padre abrió el estuche y guardó su acordeón.
*
A veces me peguntaba si, quizá, mi amigo tenía razón
en abrazar con locura su causa patriota y era mejor
encontrar la muerte con un poco de dignidad. Jamás
en los asilos, orinado como un niño, tragando la papilla,
esperando a la enfermera que me cambie el pañal. Ayer,
hoy o mañana daba lo mismo, pues siempre vendría
otra guerra y aquello nunca pararía, como bien los
señalaban las historias épicas. Esto era como una fiesta:
solo cambiarían las canciones de moda, los cortejos a la
bella y los pasos de los nuevos bailarines. A veces me
preguntaba que habría sido lo correcto: si quedarme en
estas tierras o partir. Ahora sé que moriré con la duda.
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